Wednesday, July 12, 2006
posted by felipe at 10:47 AM
Yo y tu, objetos de lujo; de Vicente Verdú. Editorial Debate
Vicente Verdú, uno de los analistas de los cambios sociales más prestigiosos del panorama intelectual español recorre en este libro la evolución y las alteraciones del comportamiento de la sociedad en este arranque del siglo XXI.

Estamos, según todos los indicadores, ante un cambio de tendencias o de paradigma social. Desde el fin de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín imperó la aventura colectiva y revolucionaria que, tras su fracaso, derivó en un individualismo extremo. La insatisfacción provocada por la acumulación de bienes y el exagerado consumismo ha frustrado también este proyecto hiperindividualista produciéndose una mutación hacia una suma de la individualidades con la llegada de una nueva época presidida por la emotividad y la búsqueda de la nueva subjetividad.

Una etapa que es, sobre todo, emocional, biológica, mediática. La enorme presencia de la mujer y de lo femenino en lo social -junto con otras actitudes- ha influido en este cambio de ambiente, reflejado también en la pintura, en la arquitectura, en la morfología de los coches, los muebles o en los electrodomésticos cotidianos, donde abundan cada vez más las formas orgánicas (cálidas y cercanas) y, en la ciencia, donde la biología y las tecnologías de la reproducción ocupan un lugar central de la investigación.

Yo y tú, objetos de lujo, es el libro que revela esta mutación en marcha, describe el cambio de modo de vida y la apoya a partir de los múltiples indicios que desde diferentes campos del saber están anunciando este giro hacia un mundo más moral de lo que suele creerse y más, decididamente, interesado por lo humano de lo que propaga el entretenimiento oficial.
 
posted by felipe at 10:34 AM
El estilo del mundo, de Vicente Verdú. Editorial Anagrama
Vicente Verdú, uno de los más agudos investigadores de los fenómenos contemporáneos, nos ofrece no sólo su mejor libro, sino uno de los análisis más certeros y audaces sobre nuestro tiempo, es decir sobre la época del «capitalismo de ficción», un concepto inédito, germinal y extraordinariamente fecundo. Las interpretaciones de la actualidad provienen, a menudo, de acercamientos sectoriales y estancos, pero lo más revelador consiste en conjugar los avatares de la economía con el sexo, de la biogenética con el arte, de la política con la cosmética o del pensamiento con la televisión, para decantar el estilo general del mundo. El capitalismo anterior se presentaba localizable y diferenciado, pero el actual se ha convertido en una naturaleza transparente, difícil de aislar y de combatir. El capitalismo de producción era triste, el capitalismo de consumo era trivial, pero el capitalismo de ficción es tramposo, trilero. El capitalismo buscaba, en el pasado, ganar a cualquier precio, pero el capitalismo de ficción aspira especialmente a gustar. Este capitalismo no posee como objetivo fundamental la producción de bienes sino, ante todo, la producción de realidad. Una segunda realidad o realidad de ficción, más pueril, antitrágica y simple, expurgada de sentido y de destino, convertida en resguardo y en cultura de la distracción.
 
posted by felipe at 10:29 AM
Por qué soy cristiano, de Jose Antonio Marina. Editorial Anagrama
José Antonio Marina es uno de los pensadores absolutamente imprescindibles de nuestro país. En este libro explora la experiencia cristiana, que tiene su origen en un enigmático judío que vivió hace veinte siglos. Los seguidores de Jesús debieron enfrentarse al mundo heleno y elegir entre una interpretación carismática y otra institucional.
De esas decisiones deriva hoy nuestra cultura y por eso José Antonio Marina se hace dos preguntas: ¿Hay que decir un adiós respetuoso pero definitivo a Jesús? Y si no es así, ¿en concepto de qué le invitamos a quedarse?

Hay varias alternativas, afirma en el libro: como encarnación de Dios, como un genio religioso, como una invención literaria, como una abstracta consigna revolucionaria.
Este libro es una teoría sobre la verdad. Existe una epidemia de credulidad e integrismo, y las religiones se han convertido en un problema.

Marina distingue el dominio de las verdades universales – la ciencia y la ética- del dominio de las verdades privadas, entre las cuales se encuentra la religión. No niega su veracidad, pero sostienen que cuando se enfrentan con verdades universales, deben cederles el paso. De esta manera las religiones, enfrentadas inevitablemente en lo dogmático, podrían reconciliarse en el plano ético.

El último capitulo habla de las verdades privadas de su mundo y aprovecha para responder a la pregunta ¿Por qué soy cristiano?
 
Thursday, November 03, 2005
posted by felipe at 12:30 PM
El desatino
FRANCISCO J. LAPORTA
EL PAÍS - Opinión - 03-11-2005
Hace poco se cumplieron cien años del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera. Afortunadamente pasó desapercibido. Él fue quien afirmó aquello de que España era una "unidad de destino en lo universal", alarde verbal vacío pero muy propio del estilo nacionalista. Educado en la resaca de los agravios militares tras el ridículo papelón que se hizo en el 98, vio a su padre dar un golpe de Estado alegando que España estaba amenazada con un fin "trágico y deshonroso". El año que viene se conmemorará el centenario de la primera aparición en la escena política del Partido Nacionalista Vasco, en cuyo manifiesto se suponía que la nación vasca estaba también amenazada por peligros sin cuento: la desaparición de la raza, la lengua y la tradición. Y tampoco faltará quien se acuerde dentro de poco de los correspondientes cien años de la publicación del libro de Prat de la Riva La nacionalitat catalana, que reivindica con fervor para Cataluña una personalidad política perdida y la recuperación del "sentimiento jurídico original". ¡Vaya un siglo que nos han dado entre todos!
Por supuesto, el más largo y el de peor calaña ha sido el nacionalismo español. Logra encaramarse violentamente al poder en una guerra civil muy cruenta e impone a todos los demás su ideario nacional excluyente con la bendición de una iglesia que se llama católica (es decir, universal) pero no duda en comportarse bélicamente como "nacional" (es decir, localista). Fue entonces cuando tomó cuerpo la primera formulación del desatino: la fabulación de una entidad moral colectiva de origen histórico que se presenta como la clave de nuestra identidad como personas y como titular de un derecho natural a la soberanía política. Eso es el nacionalismo, todo nacionalismo, sin excepción. Esa entidad era una idea de España confeccionada con retales de la historia, manipulaciones de la religión y adoctrinamiento social. Una invención, sí, pero una invención que obró durante décadas como principio de organización política y seña de identidad ciudadana. Quienes no se plegaban a ella no eran españoles, y si no eran españoles carecían de valor como personas. Podían ser ignorados y, en su caso, sacrificados en el altar de la gran entelequia nacional. Ya se sabe, la superioridad moral de la nación como entidad colectiva vacía de contenido nuestra peripecia moral individual y tiende a ignorar nuestros derechos. Se puede matar y se debe morir por ella. Por eso el nacionalismo suele ir acompañado de violencia y no es raro que acabe en una gran carnicería. Todo por la patria.
Haciendo un uso militar de esas convicciones, el régimen del general Franco aplastó toda diversidad cultural y violentó derechos individuales. Y sucedió lo previsible. Perseguida la lengua vernácula y estigmatizadas las provincias vascas, las antiguas jeremiadas de don Sabino Arana sobre la desaparición de su patria cobraron verosimilitud. Todo nacionalismo en estado de latencia fermenta cuando percibe una amenaza, real o supuesta. Con su tosca obcecación, el franquismo operó de condición suficiente para que se reactivaran emocionalmente los resortes del nacionalismo vasco. A finales de la dictadura, el sentimiento nacional contrario a España estaba en el País Vasco más extendido de lo que nunca lo había estado. Y a su lado surgió, naturalmente, la violencia, que ahora, además, podía presentarse con la aureola de movimiento de resistencia o liberación nacional. Es así como Franco mismo se erige estúpidamente en factor de revitalización del nacionalismo vasco y en fundador honorario de la organización terrorista ETA. La paranoia del separatismo acaba siempre por ser el gran factor separador.
En este enrarecido caldo de cultivo la Constitución española fue vista en Euskadi con desconfianza, como una forastera más. El oxígeno que la dictadura proporcionó a la vieja versión vasca del nacionalismo logró que la devolución constitucional de las libertades individuales y el Estado de Derecho fuera menospreciada con el argumento peregrino de que los derechos de su nación eran "anteriores" a la Constitución. En virtud de un ejercicio de prestidigitación política y jurídica, se aceptó el Estatuto de Guernica, no porque derivara de ella, sino porque era un paso más hacia el reconocimiento pleno de aquellos antiguos derechos. Incluso en un contexto de libertades y derechos, podemos sin embargo reconocer de nuevo todos los ingredientes del desatino: entidad moral histórica, identidad personal mediada por la nación, violencia, euskaldunización y derecho natural a gobernarse. Ante la estupefacción de muchos, el País Vasco se transformó así en una anomalía dentro de una politeya democrática muy abierta y profundamente orientada a la devolución de competencias y el reconocimiento de la pluralidad cultural e histórica. La anomalía provenía, naturalmente, del delirio nacionalista.
Y por si ello fuera poco hemos tenido que pasar una breve temporada con el Partido Popular en mayoría absoluta. En pocos años ha logrado lo que parecía imposible: encontrar en los entresijos de la Constitución los rasgos españolistas y dogmáticos que, esgrimidos con exageración y agresividad, han acabado por hacerla odiosa para muchos. Para lo que aquí interesa, el artículo 2 (nación, unidad, patria...) ha sido inflado hasta la hipertrofia. Y menos mal que no han ganado las elecciones, porque no hay que excluir que hubieran acabado por liarse a mandobles con el artículo 155 (cumplimiento autonómico forzoso de obligaciones constitucionales, ¡qué disparate!) . El aznarismo puede así ser descrito, por lo que a esto respecta, como la versión constitucional del desatino franquista. Los viejos efluvios de aquella Alianza Popular que mantuvo las esencias en la transición han acabado por predominar en el discurso público del partido de Aznar. Volvía el españolismo, la bandera más grande, el manoseo político de la religión y el cerrojazo autonómico. Y con ello, naturalmente, los demás actores de la trama nacionalista volvían a percibir la latente amenaza.
Quizás también por eso, y tras una larga trayectoria de tolerancia, cultura y libertad en Cataluña, aparece inopinadamente el proyecto de Estatut. Lo digo con dolor y cansancio: es la versión catalana del mismo desatino. De nuevo nos sale al paso un ser colectivo de origen histórico con un derecho natural a la soberanía. Una entidad tan sustancial y viviente como para poder predicar de ella acciones humanas: 'afirma' cosas, 'considera' situaciones, 'expresa su voluntad de ser' y 'convive fraternalmente' con otros. Es de nuevo un ente nacional que puede saltar sobre el ordenamiento jurídico vigente para ir a buscar en los llamados derechos históricos su derecho na-tural a gobernarse. Otra vez la sustanciación de lo colectivo, otra vez los manejos de la historia, otra vez la imposición de la lengua. Y por lo que a su elaboración respecta, una redacción normativa prolija, con humos de documento constitucional, a veces disparatada, con esa minuciosidad obsesiva de quien siente una amenaza incierta y quiere asegurarlo todo, pensada más para decir a los demás lo que no pueden hacer que para decirse a sí misma lo que pretende, imposible muchas veces de aplicar por su detallismo, llena de redundancias, y tantas otras cosas. Lo de menos es que choque literalmente con algunos preceptos constitucionales. Eso se puede arreglar. Lo más preocupante es que violenta la lógica interna de la Constitución y segrega jugo identitario por todos sus poros. Si llega a estar en vigor algún día hará sufrir a muchos, catalanes y no catalanes. De momento ha provocado ya el toque de rebato del aznarismo, la apelación a las vísceras de la españolidad y la indecencia moral en los medios de comunicación del Episcopado.
El día mismo del desastre del 98 estaba don Miguel de Unamuno medio aislado en una dehesa del campo charro. Sorprendido porque los campesinos "trillaban en paz su centeno, ignorantes de cuanto a la guerra se refiere", escribía a Ganivet: "Estoy seguro de que eran en toda España muchísimos más los que trabajaban en silencio, preocupados tan sólo con el pan de cada día, que los inquietos por los públicos sucesos". Me parece que ahora pasa igual. Somos muchos más los que trabajamos cotidianamente sin la mente obsesionada por ninguna bandera, ningún estatuto ni ningún ente histórico de razón, sin intención de castellanizar, euskaldunizar o catalanizar a nadie, sin untar la política de religión ni la religión de política, respetando tranquilamente las costumbres, la cultura y las lenguas de los demás, relacionándonos con ellos con fluidez en la amistad, la familia, la ciencia, la fiesta y la actividad económica, reconociéndonos en nuestros derechos y reconociendo los suyos. Sin discriminar ni ser discriminados. Muchos más. Y, sin embargo, aquí estamos hoy entrampados entre un partido españolista, montaraz y beato, y la última edición del desatino. ¿Sería mucho pedir a todos esos monomaníacos de las patrias que nos dejaran trillar en paz?
Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.
 
Tuesday, August 30, 2005
posted by felipe at 12:00 PM



El último libro de José Antonio Marina nos habla una teoría y práctica de la estupidez.
Para Marina la meta de la inteligencia es la felicidad humana. Por eso los fracasos de la inteligencia llevan a la desdicha además de a un desajuste del conocimiento humano.

Según el autor hay dos tipos de inteligencia, la inteligencia fracasada que consistiría en hacer cosas en contra de la lógica o que nos impiden ser felices y que por lo tanto el hombre es directamente responsable de su desgracia; e inteligencia dañada en la que el hombre por sus circunstancias, experiencias o limitaciones no es responsable de sus desdichas.

Este libro es bastante fácil de leer, es el único hasta ahora que no tiene notas al margen, y parece escrito con carácter divulgativo, para todo el publico.

En él hay una clara invitación a distinguir a los listos de los inteligentes. Para Marina los listos, listillos, van a lo suyo y se aprovechan de los demás. Por eso no hay que ser listos sino que hay que ser inteligentes.

Os recomiendo su lectura.
 
Tuesday, August 23, 2005
posted by felipe at 3:12 AM
Interesante artículo publicado en La voz de Galicia por XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS , una reflexión muy interesante a pesar de su brevedad


HABLANDO del conflicto mundial que se avecina, y abriendo una vía de análisis que circula en paralelo al choque de civilizaciones de Huntington, el teólogo Hans Küng llegó a afirmar que la coexistencia de las grandes religiones constituye un gran acelerador de la violencia multifactorial que nos asola. Los ulemas de las mezquitas proclaman que el islam es paz. Las iglesias cristianas recuerdan a diario el saludo de paz que Cristo dirigía a sus discípulos. Y en todas las sinagogas del mundo se recuerda que la libertad y la paz son parte esencial de la alianza entre Dios y su pueblo. Pero la realidad a pie de calle es dramática. El poso de la religión en los grandes conflictos es una evidencia, y, al lado del discurso correcto de los que administran el patrimonio espiritual de las tres religiones monoteístas, se mantiene una soterrada competencia por controlar los poderes de la tierra.

Aunque fue el ejecutor material de la sanción que apartó a Hans Küng de su cátedra, el papa Ratzinger da la sensación de estar muy de acuerdo con el dramático análisis de su colega, y que, asumiendo la responsabilidad de reinsertar a la Iglesia en la cultura de los nuevos tiempos, está intentando un giro esencial en las relaciones con las religiones monoteístas y en la articulación conjunta del mensaje de la paz.

Con la evolución que muestra la práctica religiosa en Occidente, es evidente que la unión de los cristianos se ha convertido en un problema de pura administración de intereses, y que no falta mucho para que el creciente sincretismo de los fieles esté en condiciones de arrollar a los que siguen analizando el problema de los credos con los mismos esquemas del siglo IV. Quizá por eso hemos visto a Benedicto XVI planteando la cuestión en un estadio más avanzado, tratando de evitar que los ritos, los códigos y los diferentes nombres de Dios rompan el mensaje de paz de las religiones monoteístas.

La costumbre de identificar el pluralismo religioso con una agresión a la verdad revelada, y con un abismo insalvable de la salvación, tiene que ser revisada. Hay que aprender y aceptar que Dios está por encima de los nombres que le damos, la historia que le hicimos y la cultura filosófica y política que hemos introducido en los libros de la revelación. Y por eso es posible esperar que mucho antes de que se remuevan los prejuicios dogmáticos que hacen tan difícil el camino de la unidad, seamos capaces de articular un discurso global sobre la paz religiosa que en este momento aún no sabemos o no queremos hacer. Yo leí así los gestos que hizo Benedicto XVI en su patria alemana. Ahora sólo falta que la biografía posterior del Papa confirme esta esperanza.
 
Tuesday, August 02, 2005
posted by felipe at 3:15 PM



Confieso que empecé a leer este nuevo libro de Isabel Allende con cierta desconfianza. Como casi todo el mundo había leído historias y visto películas sobre sus aventuras. Pero según avanzaba en su lectura el personaje me iba llenando cada vez más debido a la maestría de Isabel quien conseguía retratar muy bien la vida de Barcelona en la época de la guerra de la independencia y las actividades piratas en el Atlántico.

No es el clásico libro sobre el Zorro, nos presenta su nacimiento, hijo de un caballero español y una indómita india. Es la historia de Diego de la Vega y de cómo se convirtió en el legendario Zorro. Empieza su aventura en una época fascinante y turbulenta, con personajes entrañables y de espíritu indómito, y un hombre de corazón romántico y sangre liviana. Aventurero, apasionado, intrépido y juguetón. Así es la leyenda del Zorro. El relato comienza en el año 1790, en tierras de la Alta California, cuando un joven capitán español se enamora de una india de alma rebelde. El Zorro es el retrato de unos personajes de carne y hueso, con virtudes y flaquezas, sensibles e impetuosos, que nos arrastran en sus aventuras por une época vibrante. Con su habitual maestría, Isabel Allende nos descubre la vida sencilla de las misiones españolas en la California de principios del siglo XIX y la agitación en las calles de una Barcelona ocupada por las tropas napoleónicas en plena Guerra de la Independencia. Los ritos de iniciación de las tribus indígenas y los misterios para acceder a una sociedad secreta europea. La espiritualidad de un código de honor sin fronteras y las contradicciones del alma humana... una aventura como las de antes. Isabel Allende rescata la figura del héroe y, con ironía y humanidad, le da vida más allá de la leyenda.
 
Wednesday, July 27, 2005
posted by felipe at 3:38 PM
DIFERENCIA Y DESIGUALDAD 20-7-2005




Mucho se habla de que todos somos iguales, todos tenemos los mismos derechos.
En Atrio he leido este magnifico articulo de José María Castillo, catedrático de Teologia de la universidad de Granada que es mu clarificador y valiente


LA diferencia es un hecho. La igualdad es un derecho. Por eso la desigualdad es la violación de la igual dignidad que todos los humanos tenemos por el hecho de ser coincidentes en lo que a todos nos iguala: todos somos humanos.

Pero ocurre que, con demasiada frecuencia y sin darnos cuenta de lo que realmente pensamos y decimos, se produce un deslizamiento de la diferencia a la desigualdad. Todos somos diferentes: unos más fuertes que otros; unos más ricos que otros; unos más listos que otros, etcétera. Así las cosas, si fuera cierto que la diferencia justifica la desigualdad, entonces resultaría que el fuerte tendría más derechos que el débil; el rico más derechos que el pobre; el listo más derechos que el torpe, etc. O sea, lo que en realidad ocurriría es que terminaría por imponerse la ley del más fuerte. Y la sociedad se convertiría en una selva.

Hubo tiempos, antiguos y bárbaros, en los que los hombres se pensaban que tenían más dignidad y más derechos que las mujeres. Los señores también se veían con más dignidad y más derechos que los esclavos y los siervos. Los nobles igualmente se creían que eran más dignos y tenían más derechos que los plebeyos. Los justos se imaginaban que les correspondían derechos que no podían tener los pecadores. Los fieles estaban seguros de tener más derechos que los infieles. Y así sucesivamente.

Lo más grave del asunto es que los fuertes no sólo veían así la vida, sino que, durante siglos y siglos, se han dedicado a poner en práctica su ley, la ley del más fuerte, sin piedad, invocando incluso la autoridad divina para actuar de forma tan salvaje. Por eso hay personas que, aunque vivan hoy, en realidad viven en tiempos antiguos y bárbaros. Son los que siguen pensando que los hombres tienen derechos que no pueden tener las mujeres, los que defienden que los empresarios tienen derechos que no pueden tener los trabajadores, los que aseguran que los ricos tienen derechos (pagar una fianza) que nunca podrán poner en práctica los pobres. Y son también –lo diré de una vez– los que se echan a la calle para defender que los homosexuales no pueden tener los mismos derechos que los heterosexuales.

En los tiempos antiguos y bárbaros, a los homosexuales se les quemaba vivos en la plaza pública, como se hacía con los herejes, las brujas, los infieles. Luego, con el paso del tiempo, esa ley se humanizó. A los homosexuales no se les quemaba, ni se les metía en la cárcel. Pero su libertad estaba controlada. Hasta que ha llegado el momento en que se les ha igualado en derechos con los demás ciudadanos. Cosa que algunos no pueden soportar. Porque dicen que eso atenta contra la familia. Y amenaza a la sociedad.

A mí me parece que el fondo del problema está en saber si lo esencial y específico de la sexualidad humana, el culmen de su razón de ser, consiste en el instinto que une al macho y a la hembra para procrear, de manera que así sea posible que sigan naciendo hijos y no se acabe la especie. O si, más bien, lo esencial y específico de la sexualidad humana, el culmen de su razón de ser, no se limita a la facultad de procrear, sino que (eso supuesto) lo que caracteriza al sexo, entre los humanos, es la entrega de una persona a otra, la entrega mutua que así expresa y comunica el amor propiamente humano. Hay quienes dicen que esto es un asunto discutible. En cualquier caso, lo que, según creo, no admite discusión es que, si se prefiere la primera solución, en ese supuesto se tiene una idea de la sexualidad humana que poco se distingue del mero instinto animal, ya que, de ser eso así, el amor y la entrega entre las personas no es el culmen y la plenitud, sino una fuerza que atrae a los machos y a las hembras para unirse y copular para tener hijos y que así la vida humana no se acabe en este mundo.

La moral católica ha dicho siempre que lo central es el amor. Pero con tal que sea un amor abierto a la procreación. Con lo cual, lo que en realidad se está diciendo es que lo que nunca puede faltar es la posibilidad de procrear, por más que falte el amor, como de hecho ocurre en tantas familias, en las que se cumplen todos los requisitos de los códigos religiosos, pero las personas no se quieren y a duras penas se soportan. O sea, se antepone la posibilidad de procrear legalmente al amor, por muy fuerte que éste sea.

Por supuesto, cada cual es libre para defender la idea que le dicte su conciencia, su confesor o su catequista. Pero con tal que nunca una idea sea más importante que una persona. Y menos aún que, por una idea, se humille y se amargue la vida a millones de personas. Sabemos que hay personas del mismo sexo que se quieren de verdad, pero no pueden expresárselo. O si se lo expresan, no pueden tener los mismos derechos que tienen los que se quieren desde la diferencia sexual. Porque hay una idea (supuestamente divina) que, a muchas personas que se quieren, les prohíbe el amor. O limita ese amor de tal manera que lo reduce a casi nada. En este asunto, como en tantos otros, siempre se ha impuesto la ley del más fuerte. También en esto, la diferencia se ha convertido en desigualdad. Es comprensible que los hombres de la religión defiendan sus ideas. Pero que no impidan que el legislador organice la convivencia de las personas de forma que todos tengamos los mismos derechos. Porque todos tenemos la misma dignidad. Y merecemos el mismo respeto.
 
Tuesday, July 12, 2005
posted by felipe at 12:08 PM
El valor de elegir, Fernando Savater

Ahora que se habla de elegir entre seguridad y libertad no estaría de más reflexionar junto a Savater de el valor de elegir un libro, como todos los suyos, bastante interesante.

Preguntarse por la libertad es hacerlo a la razón y al corazón de nuestra vida. Reconocer el valor de ser, sentirse y vivir libre es reconocerse como humano y por ello aceptar el compromiso feliz e inexcusable del esfuerzo continuado. Una tarea para toda la vida.

Es el tema de este libro. Para empezar, ingenuamente, puede plantearse así: ¿En qué consiste la libertad? ¿Existe realmente la libertad, ¿es algo que tengo antes de saberlo, algo que sólo adquiero al saber que lo tengo o algo que para tenerlo debo renunciar a saber con precisión qué es? ¿Soy capaz de libertad o soy libertad y por ello capaz de ser humano? Y tantas, tantas: demasiadas preguntas.


Para Savater la libertad es un concepto del que se ha hablado mucho y del que en su forma más profunda se desconoce debido a que la libertad es un término que, como el amor, sirve para definir mil y una cosas que nada tienen que ver entre sí.

Analizando las propiedades de otros seres vivos encuentra que todos ejercen funciones biológicas para las que están adaptados genéticamente y que llevan a cabo con gran eficiencia, fruto de millones de años de evolución.

Al contrario, los seres humanos carecemos de especializaciones anatómicas que nos hagan mejores frente al entorno (e inclusive somos organismos biológicamente vulnerables), pero a cambio nuestro cerebro nos permite adaptarnos a diversas condiciones del entorno por el uso de herramientas, del lenguaje y por nuestra capacidad para encontrar la forma de aprovechar los recursos disponibles.

Savater muestra la aparente losa pesada que gravita por encima de la cabeza de los hombres (el tener que elegir constantemente) como la esencia de la condición humana, el elemento que nos diferencia del resto de los seres vivos y el núcleo de la libertad. Sin embargo, el decidir y la libertad son hechos que suceden en un plano de acontecimientos que producen consecuencias de todo tipo para quien elige y para su entorno.
El ejercicio de la libertad, de acuerdo con Savater es un acto continuo que conforma nuestra vida y que le da sentido, siempre y cuando podamos comprender que lo único permanente es lo efímero y que la plenitud del ejercicio de la libertad se encuentra no en la búsqueda de absolutos siempre elusivos y por los cuales los hombres han peleado y muerto constantemente desde el alba de los tiempos y las ideas, sino que es parte del devenir cotidiano con el que debemos transar para prolongar nuestra existencia en el plano de lo finito y cotidiano para los demás.

El Valor de Elegir es también un texto que combate de frente y sin concesiones el relativismo existencial de nuestro tiempo, donde todas las ideas por descabelladas que sean pueden tener tanto valor como el hecho científico más comprobado y estudiado .